sábado, 29 de mayo de 2010

Los tres anillos, Giovanni Boccaccio




Años atrás vivió un hombre llamado Saladino, cuyo valor era tan grande que llegó a sultán de Babilonia y alcanzó muchas victorias sobre los reyes sarracenos y cristianos. Habiendo gastado todo su tesoro en diversas guerras y en sus incomparables magnificencias, y como le hacía falta, para un compromiso que le había sobrevenido, una fuerte suma de dinero, y no veía de dónde lo podía sacar tan pronto como lo necesitaba, le vino a la memoria un acaudalado judío llamado Melquisedec, que prestaba con usura en Alejandría, y creyó que éste hallaría el modo de servirle, si accedía a ello; mas era tan avaro, que por su propia voluntad jamás lo habría hecho, y el sultán no quería emplear la fuerza; por lo que, apremiado por la necesidad y decidido a encontrar la manera de que el judío le sirviese, resolvió hacerle una consulta que tuviese las apariencias de razonable. Y habiéndolo mandado llamar, lo recibió con familiaridad y lo hizo sentar a su lado, y después le dijo:

Parabola del Rey y el sabio.


Por un pequeño reinado de la antigüedad pasó alguna vez un sabio, que tenia la fama de resolver todos los enigmas que se le plantearan. El rey, que era un hombre de un gran temperamento, dominado de alguna manera por sus pasiones, lo mandó llamar y le pidió que le diera una fórmula para la felicidad. Entonces el sabio se retiró algunos meses hasta que volvió al reino, y le regaló al rey un anillo; junto con el anillo le regaló también la consigna de que leyera una inscripción interna (un pequeño letrero que sólo el rey podía leer) en los momentos de mayor euforia, de mayor éxito, así como en los momentos de mayor amargura, derrota y depresión. La gente empezó a notar que el rey en sus mejores y peores momentos miraba a su anillo y leía aquella inscripción interna y que con el paso del tiempo esa costumbre lo había transformado en un hombre mas sabio y justo, con mucha mayor capacidad de gobernar sanamente, aquella comunidad. Trascendió incluso en el reino que en la inscripción interna del anillo del rey había solamente tres palabras. Cuando murió el rey los habitantes del reino quisieron saber cual era la inscripción que había transformado la historia del rey y de alguna manera la de ellos también. Fueron a ver el anillo y en su parte interna encontraron escritas estas tres palabras: "esto también pasara". Estas palabras, en los momentos de mayor euforia y triunfo significaban para el rey la posibilidad de poner los pies en la tierra, así como en los momentos de dolor se transformaban en un símbolo de esperanza. En unos y en otros momentos le significaron la posibilidad de mirar hacia adentro y, desde el sentido del éxito interno, la ansiada fórmula de la felicidad.

Sucumbir. Meister Eckhart


Nuestro leal Dios permite que sus amigos a menudo sucumban a sus flaquezas únicamente para que carezcan de todo sostén que les permitiría reclinarse o apoyarse. Pues, a un hombre amante le daría una gran alegría poder hacer numerosas y grandes cosas, ya sea con vigilias, ayunos u otros ejercicios, y con cosas especialmente grandes y difíciles: todo esto da gran alegría, apoyo y esperanza de modo que sus obras le brindan sostén y apoyo y confianza. Justamente esto se lo quiere quitar Nuestro Señor y quiere ser, Él solo, su sostén y confianza. Y la única razón por que procede así, reside en su pura bondad y misericordia. Pues, fuera de su propia bondad no hay nada que lo mueva a Dios a hacer ninguna obra; nuestras obras no sirven en absoluto para que Dios nos dé o haga algo. Nuestro Señor quiere que sus amigos se desprendan de semejante sostén y por lo tanto se lo quita para que Él solo sea su sostén. Pues quiere darles algo grande y quiere hacerlo puramente por su libre bondad; Él habrá de ser su sostén y consuelo y ellos deben descubrir y considerar que son pura nada en medio de todos los grandes dones de Dios. Porque, cuanto más desnudo y libre sea el ánimo que se abandone a Dios, siendo sostenido por Él, tanto más hondo será colocado en Dios el hombre y será susceptible de hallar a Dios en todos sus preciosísimos dones. Pues el hombre ha de confiar sólo en Dios.

Meister Eckhart, en:TRATADOS PLÁTICAS INSTRUCTIVAS

lunes, 24 de mayo de 2010

Dificultades para llegar a Dios


El Catecismo de la Iglesia católica recoge la doctrina del Concilio Vaticano I, en la que se afirma la capacidad racional del hombre para conocer la existencia de Dios:“La santa Iglesia, nuestra Madre, mantiene y enseña que Dios, principio y fin de todas cosas, puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la razón humana a partir de las cosas creadas” (CIC 36). A esto añade el mismo Catecismo una constatación realista: son muchas las dificultades que en la práctica tenemos para llegar al conocimiento de Dios, mediante el ejercicio de la razón (Cf. CIC 37).Esas dificultades, lejos de decrecer, en nuestros días han aumentado. En efecto, la cultura dominante no se caracteriza por la racionalidad, sino por el impacto visual, visceral, puntual y voluble.En este contexto, los argumentos metafísicos con los que Santo Tomás de Aquino demostraba en el siglo XIII la existencia de Dios, sin haber dejado de ser verdaderos, están supeditados a la capacidad de raciocinio del hombre, que no siempre podemos dar por supuesta. Desgraciadamente, la filosofía occidental contemporánea ha renunciado mayoritariamente a plantearse las cuestiones fundamentales sobre la verdad objetiva y el sentido de la existencia, para reducirse al ámbito de la practicidad inmediata, ignorando los anhelos más profundos del hombre.Juan Pablo II describía así en la encíclica Fides et Ratio la crisis de pensamiento del momento presente:

jueves, 20 de mayo de 2010

La fede come un incontro.


La fede, incontro di persone, è eminentemente l’incontro primordiale con la per­sona del Signore Gesù. La grazia delle grazie è d’incontrare il Signore Gesù come si incontra un amico, un uomo, una donna, a cui si è fatto dono della pro­pria vita, qualcuno che ha cambiato la nostra esistenza e il nostro cammino. Quali che siano le nostre miserie, le nostre defezioni, le nostre debolezze, noi abbiamo incontrato il Signore… Con Gesù, in Gesù, noi incontriamo le Tre Perso­ne divine. Gesù stesso è una di esse, il Verbo, il Figlio, il “Verbo fatto carne”, il “Fi­glio diletto”. Se noi l’incontriamo davvero, se lo seguiamo, egli ci conduce dal Pa­dre suo, lui il Figlio completamente rivolto al Padre, che non ha altra ragion d’es­sere che suo Padre. In principio era il Verbo, e il Verbo era con Dio, presso Dio, e questo Verbo era Dio. Sì, seguendo Gesù, noi siamo condotti al Padre: “Se voi mi conosceste, dice Gesù, conoscereste anche mio Padre. Fin d’ora lo conoscete e lo avete veduto”. Noi facciamo fatica a capire questa parola. Non bisogna stupir­sene. Filippo a cui Gesù si rivolge non capisce di più; lui domanda a Gesù: “Si­gnore, mostraci il Padre e questo ci basta”, in quel momento possederemo tutto. E Gesù gli dice: “Filippo, chi mi vede” – qui si tratta ancora di vedere il Signore – “chi mi vede, vede il Padre. Come puoi dire: mostraci il Padre?”. Se noi sappiamo seguire questo Signore Gesù, se sappiamo guardarlo vivere, guardarlo pregare, egli ci insegnerà a dire “Padre nostro”. E il suo unico desiderio sarà di comuni­carci il suo spirito di figlio, egli ci manderà il suo Spirito proprio per renderci ca­paci di dire “Abbà”, Padre, come si deve.
(J. Loew)

viernes, 14 de mayo de 2010

SVEGLIATI CHIESA!


La Chiesa, popolo di Dio, è chiamata a svegliarsi dal suo sonno spirituale e pastorale. La parola di san Paolo ci richiama: Svegliati tu che dormi e Cristo ti illuminerà! Da quasi quarantacinque anni è stato celebrato il grande e storico Concilio Vaticano II, e purtroppo siamo coscienti che non si è ancora riusciti a mettere in pratica le sue grandi decisioni per un rinnovamento ecclesiale. Ci domandiamo il perché, e sono tante le risposte: contesto culturale? Secolarizzazione? L’attaccamento al vecchio modo di fare e di essere cristiani? Ma purtroppo il nostro modo d’essere cristiani e fare (pastorale) non risponde più al cambiamento del mondo globalizzato. Oggi più che mai si ha bisogno di testimoni credibili, ho visto, ho incontrato, perciò vi annunzio, non servono tante teorie, se queste non vengono accompagnate dalla testimonianza coerente. Viviamo in un mondo in continua trasformazione, e noi Chiesa che cosa stiamo facendo per rispondere alle esigenze attuali? Dobbiamo ricordare che la Chiesa non è solo sacramento di Salvezza, ma è anche Ministeriale, che vuol dire servizio, e Cristo offre l’esempio nella lavanda dei piedi. La Chiesa non è un luogo di competizione, per fare carriera, per farsi vedere che si è bravi, ma è Serva seguendo il modello del suo maestro e di sua madre Maria che si mettono a servizio di chi ha bisogno. Il documento Lumen Gentiun n° 10 parla della Chiesa popolo di Dio, e questo conferma che è anche ministeriale, chiamata a vivere ed esercitare i suoi ministeri: sacerdotale, profetico e regale, collaborando con i suoi pastori nella costruzione del Regno di Dio in terra. Questa coscienza ministeriale del popolo di Dio nella missione è segno della sua maturità, liberandolo da un cristianesimo infantile, che aspetta e pretende sempre per i suoi bisogni (Chiesa di consumo), senza nessun impegno con lei, e si dimentica che la Chiesa siamo noi, ogni cristiano, e non un palazzo di mattone, e molto meno un supermercato per quando si hanno necessità. Osserviamo che ancora tanti cristiani cercano la Chiesa per un bisogno personale dei sacramenti:

viernes, 7 de mayo de 2010

La quiete dell'anima


"Sgridò il vento e disse al mare: Taci, calmati.

E cessò il vento e ci fu grande quiete" (Mc 4, 39).


«Speriamo! Il divino Maestro è nel fondo della nostra anima così come nel fondo della barca di Pietro... Talvolta sembra che dorma ma è sempre lì; pronto a salvarci, pronto ad esaudire la nostra richiesta, aspettando, per dire al mare: "Taci", nient'altro che la nostra invocazione o qualche volta il momento più favorevole per la nostra anima. Con una parola Egli può sempre calmare tutte le burrasche, allontanare tutti i pericoli e far seguire ad angosce mortali una grande quiete... Preghiamo sempre! Più la tempesta ci agita, più dobbiamo levare il cuore e le mani verso Lui solo. E pregando, abbiamo in noi un'invincibile speranza.»
(Charles de Foucauld)

Giovanni XXIII


...E intanto guardo la babele dei suoni - qui dove tutti comunicano, ma nessuno ascolta...


"[...] Il mio temperamento, incline alla condiscendenza e a cogliere subito il lato buono nellepersone e nelle cose, piuttosto che alla critica e al giudizio temerario, la differenza notevole di età, carica di più lunga esperienza e di più profonda comprensione del cuore umano, mi pongono non di rado in affliggente contrasto interiore con l’ambiente che mi circonda. Ogni forma di diffidenza o di trattamento scortese verso chicchessia, soprattutto se verso i piccoli, i poveri, gli inferiori; ogni stroncatura ed irriflessione di giudizio, mi dà pena ed intima sofferenza. Taccio, ma il cuore mi sanguina. [...] In certe giornate e circostanze sono tentato a reagire con forza. Ma preferisco il silenzio, confidando che questo riesca più eloquente ed efficace per la loro educazione. Non è debolezza la mia? Debbo, voglio continuare a portarmi in pace questa leggera croce, che si aggiunge al sentimento già mortificante della mia pochezza, e lascerò fare al Signore che scruta i cuori (Ger 20,12) e li attira verso le finezze della sua carità."
(Giovanni XXIII [Angelo Giuseppe Roncalli])

Perché sia vero l’amore


Il cristiano è colui a cui preme non soltanto la liberazione di sé, ma la liberazio­ne di tutti i fratelli, e non solo quelli della sua patria, della sua classe, ma di tutti gli uomini, anzi di tutte le creature del mondo, perfino delle creature inanimate e perfino dei fiori, dei fiumi, dei monti, della natura tutta. La caratteristica speci­fica dell’annuncio cristiano, che malamente definiamo annuncio religioso, è in­fatti la sua cosmicità. Questa è la natura della fede. Ecco perché il conflitto con i poteri è inevitabile, dato che la logica interna del potere è di custodire il mon­do com’è, a vantaggio di coloro che lo posseggono. Nonostante tutte le simula­zioni, i paternalismi, lo stato assistenziale, la logica interna al potere è la conser­vazione dell’ordine universale, che è invece un disordine spaventoso. Se lo guar­diamo dal «centro» sembra un ordine, che si tutela con le armi, i missili, le flot­te… ma se lo guardiamo dalla «periferia» è un disordine intollerabile. La fede pasquale ci porta dunque a rimettere insieme i due aspetti che noi tendiamo a separare: la sofferenza nell’impegno per la liberazione totale del mondo – que­sta è la croce – e la gioia della certezza che questa vittoria è stata ottenuta, che in Gesù Cristo questo trionfo è avvenuto e che a noi tocca realizzarlo nella vastità della storia, quale che sia la nostra collocazione nelle sue latitudini e lon­gitudini.
(E. Balducci)

miércoles, 5 de mayo de 2010

La libertad es positiva


La libertad consiste en decir sí más que en decir no. Así se eligen unas cosas en lugar de otras. Esto tiene sus consecuencias lógicas en la vida, pues cada uno es y se hace a cada momento. Ortega y Gasset diría que el hombre es historia y, haciéndose, hace la historia. La libertad es una palabra positiva que conlleva una gran responsabilidad.La principal repercusión de esta característica de la libertad se ve más explícitamente en las opciones de vida más fundamentales: el noviazgo, el matrimonio, la vida consagrada o el ser soltero, por poner algunos ejemplos. El novio enamorado dice que sí a cualquier compromiso que le implique sacrificarse por la mujer que ama; el que está a punto de casarse dice sí a un amor perdurable; un consagrado dice sí al amor que siente siguiendo a Cristo y donándose a través del amor y de la oración a más personas.En estos casos se ve claramente que la libertad es positiva; es más, conlleva una variante de exigencia que brota de una virtud fundamental: el amor. Se es libre por amor, se hacen opciones radicales por amor. Todo radica en el saber decir sí por amor.La mayoría de los problemas y dificultades en la vida comienzan cuando se cree que la libertad consiste sólo en decir no. En parte se tiene más madurez para decidir ciertas cosas. Pero siempre está la capacidad de pensar qué más se puede hacer o cómo se puede ayudar a los demás.Es muy fácil escuchar un no de un padre de familia que responde a su hijo porque le pide más tiempo para jugar. Es menos común oír un sí. Pero, ¿qué pasaría si el padre de familia le dice al hijo que si hace a tiempo sus tareas y se las muestra terminadas, podrá tener otra media hora de juego? ¿Qué pasaría si se le propone al chico ver después con él una película de valores, o un juego en un parque el fin de semana si se porta bien? Muchas veces el amor lleva a decir que no. Pero no debe ser esto lo que predomine. La iniciativa y la imaginación deben ser las armas de los que quieran formar con amor en la libertad.Reprimir las ideas o iniciativas no está de moda. Esto se ve en los jóvenes que se rebelan hoy porque no les dejan actuar en casa. Encauzar y proponer, no reprimir, son las actitudes del buen formador de la libertad en el amor.En síntesis, se puede decir que tanto en las opciones fundamentales, como en las exigencias cotidianas por amor, es más fácil encauzar ideas y proponer que simplemente reprimir.

LA DIMORA DI DIO


L’uomo è in cammino: cammina per vedere, per conoscere, per scoprire; cammina per crescere, per migliorare, per salire; cammina per cercare, per capire, per trovare. Il viaggio non è lineare: stanca, affatica, a volte frena e a volte sprona. Non è un peregrinare senza meta, è un avanzare che cerca una fissa dimora, un punto stabile che rassicuri e appaghi. Capita che il viaggio divenga una fuga, un continuo tagliare con il passato senza riuscire mai a raggiungere il futuro agognato; capita anche che si arresti il cammino imprigionati ad un punto che non si desidera più superare. Ogni viaggio presuppone una “casa” dalla quale si parte e alla quale si fa costantemente ritorno, quel luogo del riposo, degli affetti sicuri, dell’intimità, del sostegno reciproco, del sicuro ancoraggio.
Com’è la nostra casa?
Il più delle volte è un nascondiglio dentro il quale ci rintaniamo con le nostre sicurezze; un posto in cui coltiviamo i nostri progetti, dediti ai pensieri, ai desideri, ai moti del nostro io che non sa vedere al di là della propria “corteccia”, un luogo senza porte e senza finestre dal quale non si esce e dentro il quale nulla può penetrare. Abbiamo bisogno di una dimora ospitale, al cui interno poter riabbracciare ogni volta l’altro, la realtà, Dio: allora il viaggio diviene sicuro perché sostenuto e condiviso.
“Una cosa ho chiesto al Signore, questa sola io cerco: abitare nella casa del Signore tutti i giorni della mia vita”(Sal. 27,4). Se questa è la fissa dimora che il cuore inquieto dell’uomo cerca, non occorre “costruirla” con le proprie mani, occorre “scoprirla”, occorre “credere che un Essere che si chiama Amore abita in noi ad ogni istante del giorno e della notte e che ci chiede di vivere in comunione con Lui” (Elisabetta della Trinità, lettera n. 284). Il luogo del nostro riposo è a portata di mano: si affrontano centinaia di chilometri per entrare in alcuni santuari con la speranza di poter sperimentare l’incontro con il Signore; “affrettati a discendere perché bisogna che oggi mi fermi nella tua casa. Il Maestro ridice incessantemente alla nostra anima queste parole che rivolgeva un giorno a Zaccheo. Affrettati a discendere. Che cosa è mai questa discesa che esige da noi, se non il penetrare più a fondo nel nostro abisso interiore?”. Parole consolanti che la beata Elisabetta ridice ad ogni cuore in tempesta. Noi siamo il più grande tra i suoi santuari, non costruito da mani d’uomo, la casa di Dio dentro cui lo Sposo attende pazientemente di elargire il suo abbraccio amoroso nell’intimità di un incontro possibile ad ogni istante.
“Dimorate in me. E’ il Verbo di Dio che dà quest’ordine, che esprime questa volontà. Dimorate in me non per qualche istante, qualche ora che deve passare, ma “dimorate” in modo permanente, abituale. Dimorate in me, pregate in me, adorate in me, amate in me, soffrite in me, lavorate, agite in me. Dimorate in me per essere presenti ad ogni persona e ad ogni cosa. Penetrate sempre più in questa profondità. Questa è veramente la solitudine dove Dio vuole attrarre l’anima per parlarle”.
L’invito l’abbiamo ricevuto, il luogo ci è stato indicato, ma troppo spesso ci intratteniamo nei pressi del Castello e non entriamo, ma continuiamo ad interrogare il passante di turno pur di posticipare l’atto di rinuncia a noi stessi: “non chiedete più del Maestro a nessuno sulla terra, a nessuno nel cielo, perché lui è la vostra anima e la vostra anima è lui”!
(Citazioni tratte da Elisabetta della Trinità, Scritti-Come si può trovare il cielo sulla terra, ed. OCD)

lunes, 3 de mayo de 2010

Un pensamiento muy profundo de una alma enamorada de Dios.

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Que el Sñor nos conceda un corazón abierto para acoger con generosidad su Palabra de Vida.